Granos de vino en el Renacimiento

Contenido principal del artículo

Michelle Gatica Torres

Resumen





 


El pintor Domenico Ghirlandaio (1449-1494) fue uno de los maestros en pintura al fresco durante el Renacimiento Florentino entre los siglos XIV y XVI. Este periodo histórico fue conocido en el mundo del arte por el retorno al estudio de las técnicas de la antigüedad clásica griega y romana, con un énfasis humanista.1 La popularidad del artista se debía a la incorporación de retratos de la alta clase florentina y la representación de la vida contemporánea en el contexto de narraciones religiosas.2


Los trabajos de Ghirlandaio ilustran el rechazo a la norma del arte del Quattrocento, periodo en el que el estilo artístico abarcaba a aquéllos de la Edad Media tardía, donde una deformidad física era vista como un defecto interno o comportamiento pecaminoso.3 Su estilo artístico se ejemplifica en su obra Un anciano y su nieto. Figura 1


Realizada en 1490, Un anciano y su nieto se considera una de las obras más conocidas de Ghirlandaio, destacado por su realismo y humanismo emocional. Adquirida por el Museo del Louvre en 1886, esta obra fue creada utilizando técnicas de témpera sobre tabla y mide 62.7 cm de alto y 46.3 cm de largo. En este cuadro se observa un hombre anciano y un niño, sentados en un cuarto negro, iluminados por una ventana, en el cual se observa un paisaje de terreno irregular con carreteras tortuosas, típico de los fondos de Ghirlandaio. El anciano está vestido con una túnica roja forrada de piel mientras que el niño, también vestido de rojo, porta un elegante jubón y gorra. Las identidades de los sujetos no se conocen, pero por sus atuendos se especula que los sujetos tenían título de nobleza.3,4 Los temas de la obra versan sobre la vinculación entre generaciones, el contraste de la belleza y los estragos físicos de la edad, y el humanismo a través de las expresiones de los sujetos.5 A primera vista, predomina la nariz del anciano, caracterizada por su deformidad tumorosa y de aspecto nodular. El historiador de arte Bernard Berenson considera este retrato uno de los más importantes del Renacimiento Italiano por ser de la “[…] más humana de la totalidad de las obras del Quattrocento”.3 Esta deformación de la nariz, conocida como rinofima, es un dato de rosácea crónica no tratada.6


La rosácea es una enfermedad crónica inflamatoria, que se observa con más frecuencia en individuos de fototipos I y II. Sin tratamiento, la progresión de la enfermedad conduce al rinofima, caracterizado por pápulas duras o nódulos en la nariz debido a cicatrización e hipertrofia irreversible. Estos cambios afectan especialmente a hombres adultos, por lo que se piensa que puede tener un componente de influencia androgénica.6,7 El término rinofima y su relación con la rosácea fue vinculado por Ferdinando Hebra Von en 1846. La condición varía desde una discapacidad cosmética menor a una enfermedad desfigurante grave. En la actualidad, la mayoría de los pacientes que reciben tratamiento alcanzan un estado estable con síntomas residuales variables. En algunos pacientes, la enfermedad puede tener una recaída crónica o un curso progresivo.6


A pesar de que la descripción clínica del rinofima se hizo en el siglo XIX, existen dibujos y esculturas de la cultura maya que demuestran a sujetos con rinofima. Previo al Renacimiento, los retratos realistas eran de poco interés y difíciles de vender, por lo que existe poca evidencia gráfica de rinofima en retratos. La enfermedad llegó a observarse en caricaturas políticas, que se utilizaban para criticar la jerarquía social. La caricatura Der Nasenmonarch (Figura 2) del siglo XVI retrata al rey Federico II de Prusia, donde se hace burla a la relación entre la forma de su nariz y la introducción de la papa al reino prusiano. Anteriormente, esta enfermedad se asociaba con una vida lujosa adinerada y la afectación era conocida como pustule de vin o pústulas de vinos debido a la atribución del consumo excesivo de bebidas alcohólicas, demostrado por Weintrinker mit Rhinophym.7,8 En la actualidad se sabe que el alcohol es un exacerbante de la enfermedad.6 Fue hasta el principio del siglo XVIII cuando ocurrió el movimiento positivo en el arte y los componentes realistas eran más evidentes. Esto puede observarse en la obra del pintor alemán Ulrich Daniel Metzger, quien retrata al pintor Gerhard Jannsen con rinofima.8



La obra Un anciano y su nieto nos proporciona un vistazo a la evolución de las técnicas artísticas y demuestra el efecto histórico de la rosácea. Además, nos permite observar los efectos del curso crónico de la enfermedad, su vinculación con el poder adquisitivo y la influencia de ella entre las clases sociales.


Detalles del artículo

Sección
Arte